El ELN perdió una gran oportunidad para acogerse al proceso de paz y lograr un pacto de sometimiento a la justicia con garantías para la reincorporación.
Las intenciones de la sociedad civil, la comunidad internacional y el Estado de consolidar un proceso de paz fueron arrasadas con el acto criminal perpetrado en la Escuela de Cadetes de Policía General Santander.
Lo que hizo el ELN, asesinando a 21 jóvenes con sueños de servir a la patria, no tiene ninguna justificación.
Como quedó demostrado, no se puede negociar con el terrorismo, por eso hay que combatir sin tregua a quienes siembran el temor en la sociedad con actuaciones cobardes y tramperas.
El país no puede arrodillarse frente al crimen. Tenemos que unirnos para rechazar de manera contundente al terrorismo y ayudar a la Fuerza Pública a que acabe con ese cáncer de violencia.
Necesitamos la colaboración de la comunidad internacional porque ante la barbarie de la guerrilla que solo quiere difundir temor y lucrarse con delitos como el secuestro y el narcotráfico, la única alternativa es combatirlos con mano dura.
Las autoridades de territorios extranjeros, donde los cabecillas del ELN se han refugiado, no pueden ser condescendientes con el terrorismo.
Por eso deben dar cumplimiento a las circulares rojas y realizar las capturas correspondientes para que sean entregados a la justicia. Lo más valioso de la humanidad es la vida, si ella no se respeta se infringen los acuerdos, máxime si éstos no se pactaron con el actual gobierno.
Los convenios contemplados en el pasado fueron vulnerados por la guerrilla al cometer un acto cobarde, que de ninguna manera se considera un episodio de guerra.
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