marzo 09, 2018

Quienes acceden a este tipo de trueques estimulan la corrupción

Vender el voto

Quien transa su decisión electoral por un favor personal se hace un gran daño a sí mismo.

Si los ciudadanos que venden su voto supieran el daño tan grande que se están haciendo a sí mismos, seguramente no transarían tan importante decisión y acudirían a las urnas a votar en contra de quienes le ponen precio a la máxima expresión ciudadana.

No solo vende el voto quien recibe dinero el día de las elecciones por marcar a favor de determinado candidato, también lo hace quien media su decisión electoral por cualquier factor transaccional, sea un favor, un puesto, un bulto de cemento, una beca, etc.

Quienes acceden a este tipo de trueques estimulan la corrupción, pues está claro que un candidato que incurre en altos costos de campaña buscará, cuando llegue al cargo para el que sea elegido, recuperar su millonaria inversión.

Hay candidatos al Congreso que pueden gastar hasta más de tres mil millones de pesos para lograr su elección, y el salario que reciben durante los cuatro años que dura el periodo, a pesar de que ya supera los $30 millones mensuales, no les alcanza para reponer los gastos de campaña, es ahí cuando recurren a prácticas ilegales para sacar del erario lo que no les corresponde, y esos recursos de los que se apropian son recursos que dejan de recibir en obras y proyectos esos ciudadanos que vendieron su voto.

¿Qué derecho a reclamarle a un político corrupto tiene alguien que vendió su voto? Esta práctica, además de promover la corrupción, anula a los ciudadanos, los deja sin capacidad de control, porque solo quien haya votado a conciencia tiene la solvencia moral necesaria para exigirle resultados a sus mandatarios.

El voto debe ser el resultado de un análisis a conciencia de las hojas de vida, la trayectoria, las propuestas y las compañías de los candidatos; ojalá los votos que se depositen este domingo en Colombia sean fruto de ello.