agosto 05, 2018

Universidad y política

Alberto Ramos Garbiras

La autonomía universitaria es la principal conquista de los estudiantes para lograr un mejor desenvolvimiento.

La tradición autonómica colombiana puede encontrarse en apreciación de Ricardo Sánchez, dentro de su libro “Universidad y Política”.

El equivalente de la autonomía universitaria es la autonomía personal, y a nivel macro es la soberanía estatal.

El Estado que decide con quien se relaciona, el Estado que ejerce sus relaciones internacionales en el contexto de la globalización, lo hace en ejercicio de su soberanía, o sea su autonomía estatal; el ser humano igual hace con su voluntad y libre arbitrio al decidir cómo se forma, cómo actúa, desempeña, etc.: y los estudiantes integrados como comunidad lo hacen pronunciándose, reclamando, exigiendo para mejorar las condiciones internas del claustro y del campus: buscan orientar la conducción de la universidad.

Indudablemente los hechos registrados en la ciudad de Córdoba (Argentina, 1918) fueron los que marcaron el nuevo rumbo de las universidades para América Latina; el comienzo de la autonomía universitaria destacó las causas y factores larvados y sirvió para las repercusiones que se han dado en estos 100 años del devenir universitario.

La reforma planteada por el rector José Nicolás Matienzo sirvió para impulsar las reflexiones de los estudiantes y motivar la actitud radical reclamando autonomía, impugnando la Ley Avellaneda, cuestionando los rezagos de la educación colonial que se prolongó en el siglo XIX, y el lastre de la educación clerical, detentada por congregaciones religiosas que fundaron las universidades de los siglos XVI y XVI en las colonias españolas de América, con enorme influencia sobre las autoridades estatales en el despuntar del siglo XX.