marzo 10, 2018

Sin los tres ceros

Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Además de los costos millonarios que le acarreará al erario público la emisión de los nuevos billetes sin los tres ceros que tienen los circulantes, pensemos en los traumatismos que afectarán las costumbres mercantiles cotidianas.

Imaginémonos también las consecuencias psicológicas y los conflictos que puedan generar entre las personas cuando reciban los salarios y efectúen transacciones con los nuevos valores de los arrendamientos y las compraventas. ¿Qué mi casa apenas vale 2 cientos mil pesos? Argumentan que la medida quiere perseguir los dineros calientes, pero será una estrategia vana e ineficaz ante el lavado de activos y el testaferrato.

La medida sólo favorecerá a los profesores de matemáticas que dictan clases pegados al libro de Baldor, pues los estudiantes ahora sí asimilarán los problemas enunciados con gallinas que venden a 20 centavos y vacas a 20 pesos.

Como consecuencia de la medida, como dice la canción de Héctor Ulloa, nos tocará volver a implorar “cinco centavitos de felicidad” y las amadas pensarán que es mucho pedir. Como en los juegos de los niños, con la medida se quiere detener el tiempo, devolverlo siendo más exactos.

Si revisamos la historia de la moneda y de la emisión del dinero de papel, desde los tiempos de las morrocotas de oro coloniales y desde la fundación del Banco de la República, encontraremos que nunca antes habían tomado la medida de recoger el dinero circulante sin importar que recientemente se habían lanzado unos nuevos billetes. Es traumática toda medida que desconozca las costumbres sociales. Recordemos que para el derecho comercial la costumbre tiene fuerza de ley.