febrero 13, 2018

Seguridad democrática

Rosa María Agudelo

El paro armado de ELN ratifica muchas señales que algunos se niegan a ver. En primer lugar, las causas objetivas de la violencia en nuestro país no las eliminan negociaciones de paz con determinados grupos ilegales. Mucho menos si con ellos se negocian principios básicos de la vida en sociedad como la justicia. Es importante que Colombia debata en torno a la legalidad.

El caldo de cultivo de todos estos grupos es que en nuestro país pelechan las industrias criminales. No han pasado ni dos años desde la “supuesta” desmovilizacion de las Farc y el país vive una escalada terrorista. Lo sospechoso es que la perpetra en todo el país un grupo que estaba casi desaparecido y concentrado en pocas zonas.

Este fin de semana, el “ELN” actuó en Cauca y Nariño, departamentos donde no tenía presencia hace 20 años. Corinto fue escenario de hostigamientos, táctica que no es propia de este grupo sino que lo fuera de las FARC. No estoy en contra de buscar salidas negociadas a los conflictos, en lo que no estoy de acuerdo es en posiciones gana – pierde en un proceso.

Sacar adelante una negociación no puede implicar debilitarse. Eso es lo que ha hecho Colombia en los últimos ocho años. Pasito a pasito fuimos retrocediendo, perdiendo terreno y permitiéndole a los viejos y nuevos actores violentos reorganizarse.

El paro armado confirmó que hemos perdido la contundencia y la efectividad que nos había heredado la seguridad democrática. El ELN nos mostró que somos vulnerables y el miedo nos volvio a guardar.

Colombia debe volver por la senda de un Estado fuerte que no transige con el delito. Ya no estamos en edad de creer en los cuentos de hadas, estamos viendo que lograr una paz estable y duradera requiere también exigir no solo conceder.