abril 16, 2018

Reflexiones sobre el centrismo

Alberto Ramos Garbiras

A la altura del año 2018, en plena campaña presidencial, tomar empaque de centro político es más difícil, porque el bipartidismo fusionado en la última etapa desde el año 2002 ha tratado de posar como de centro en ejercicio de cuatro gobiernos.

Estos 16 años tienen una misma raíz con dos corrientes, el uribismo, como imaginario político, y desdoblamiento en santismo por la discordia entre ellos. El primer bloque de gobierno (2002-2010) recogió todo el espectro de la derecha liberal-conservadora, cabalgando en un neopopulismo que le dio réditos electorales al guía de este proceso.

Y el segundo bloque (2010-2018), actuó como el centro político por la inspiración de Juan Manuel Santos en la Tercera Vía, una vertiente descafeinada de la socialdemocracia, con políticas públicas sociales sin desarrollar a plenitud el Estado Social de Derecho.

El uribismo pasó a ser la derecha desnudada, teniendo que crear un partido nuevo, el Centro Democrático, para ejercer la oposición.

La izquierda en los últimos años ha sido el Polo Democrático que ha llevado a cabo el control político con senadores estudiosos, pero el partido fue afectado por sus propios errores y fisurado por la conducta de los hermanos Moreno Rojas.

El centro desde el 2010 lo materializó el Partido Verde que perdió la Presidencia dos veces ante Santos por la incapacidad de los candidatos para dar el debate y enfrentar la publicidad sucia: Mockus y Peñalosa.

La izquierda radical ha sido en esos 16 años la guerrilla en oposición extraparlamentaria, hasta que se logró la paz parcial con una de ellas, las Farc; continúa el ELN en esa línea y en medio de un proceso de paz confuso.