febrero 09, 2017

¡Por fin!

Fabio Cardozo

Finalmente el gobierno y el ELN lograron arrancar formalmente el proceso de paz en Ecuador, luego del penoso episodio del secuestro de Odín Sánchez, suceso que afectó desde el comienzo la credibilidad del proceso.

Este arranque en reversa obliga a las partes a adelantar una serie de medidas políticas que permitan ofrecerle confianza al país, más cuando la almendra concebida para este proceso es la participación ciudadana. La escuálida participación en el proceso con las FARC y los resultados del plebiscito son un buen indicador a pesar que el pasado proceso suscitó mayor expectativa que el que apenas comienza.

Tiene razón en este asunto el ELN, en considerar importante pactar de entrada un cese al fuego bilateral, yo le agregaría mejor, un cese de hostilidades, que implicaría no solo la cesación de hostilidades entre las partes, sino especialmente contra los civiles considerando además, el cese del secuestro. Esta decisión iría más allá de un proceso de desescalamiento de la guerra o de su mera humanización.

Este planteamiento está sustentado, en la fatiga de cuatro años de negociación con las FARC, en donde la guerra se trasladó al ámbito político, enfrentando a muerte a los opositores del proceso y a quienes lo defendían, trasladando toda su adrenalina al nervio de la nación. ¿Se imaginan actos de guerra en medio de las conversaciones, justificando que aún la paz no se ha pactado y por ello sigue el “candeleo”? Creo que no existe la flexibilidad política, ni la capacidad anímica de soportarlo por parte de la población. Negociar en medio del conflicto podría ser un grave error, y un atentado incluso contra la paz conquistada.