agosto 01, 2018

Peláez y Gardeazábal

Miguel Yusty

En medio de tanto complot, de tanta conspiración y de un ambiente político oscuro, parecido a los que acompañaron los presupuestos de las grandes confrontaciones armadas del siglo pasado, hemos recibido la triste noticia de que Peláez y Gardeazabal, dejan de emitir su cotidiana conversación que sostienen todas las mañanas, desde que alguna intriga los retiró de la Luciérnaga.

Gardeazabal es de mis pocos amigos, he gozado del privilegio de compartir en su casa, con muchos personajes de la vida política, que concurren a ella para buscar sus bendiciones cuando quieren ser presidentes, magistrados o aspiran a cualquier cargo. Peláez y Gardeazábal encumbraron la Luciérnaga a niveles insospechados, comparables a los grandes programas de humor y de opinión de los ingleses y norteamericanos.

Sus posturas críticas y radicales con el establecimiento santista, lograron que desde la Casa de Nariño, se urdiera una conjura para quitarles el micrófono y condenarlos al ostracismo.

Para sorpresa, Peláez y Gardeazabal se reinventaron de la nada un conversatorio que, pegado del encanto de las redes sociales, se reprodujo en miles de emisoras en el país, mientras que la Luciérnaga con sus nuevos artistas, se convertía en un programita más de los tantos, que se dedican a lamberle al régimen de turno, renunciando a la crítica.

Retirados no sé si temporal o definitivamente, por causas que desconozco, pero que presumo pueden ser las de otra conspiración palaciega, el vacío que dejan se sentirá y el periodismo habrá perdido las voces más controversiales y que competían con los grandes programas de opinión, financiados por los grupos económicos del país, que a diferencia de estos no contaban con la más mínima pauta, sino que eran iluminados por el talento y la irreverencia de Peláez y Gardeazábal.