abril 20, 2017

Pandillas y crimen organizado

Miguel Yusty

Las pandillas no son como han creído Rodrigo Guerrero, el Instituto Cisalva y demás discípulos epidemiólogos, unos grupos integrados por jóvenes vulnerables y descarriados que deben de desaprender la violencia mediante oportunidades de trabajo y mucho amor.

Este presupuesto  es la base para que no se comprenda la verdadera articulación entre el pandillero y el crimen organizado. Llevamos millones y millones de dólares, incluido el crédito BID de 26 millones, tratando infructuosamente de convertir en ciudadanos a los pandilleros, para así mediante la bondad, transformarlos en ciudadanos de bien.

El fracaso de esta estrategia, se hace más grave cuando se los vincula a uno de los tantos escenarios complejos que va a presentar el posconflicto y que ya está debidamente diagnosticado en la ciudades colombianas, donde las pandillas son parte integral del crimen organizado y operadoras del narcotráfico y todas las variables de las empresas criminales. En Bogotá, Cali y Medellín, el control territorial esta bajo su mando, los corredores para la droga y las armas son su tarea principal, y el sicariato y la vigilancia del espacio público es su tarea de todos los días.

Ojo, la historia de los últimos años de Cali, nos enseña que el pandillero caleño pertenece a una estructura que se reproduce y que ha venido aprovechando de manera cínica todas las oportunidades, que los epidemiólogos y la sociedad caleña les han brindado, reduciendo su reincorporación a shows pasajeros de entrega de armas y a los meses en que dura el contrato que de manera paternalista le han entregado los alcaldes sucesivos de la ciudad.