Marzo 27, 2017

Julian Santa

No te distraigas

Nada como ver a una persona que hace algo que siempre hemos querido hacer. Cuando quien ama bailar, ve a otra persona bailar profesionalmente, se le retuerce el alma y el estómago concluyendo en una frase predecible “Como me gustaría ser como el”. Incluso llegamos a añorar la suerte con la que otros vienen a este mundo.

Lo que casi nunca  tenemos en cuenta es el precio que esa persona ha pagado para llegar donde esta, las horas de ensayo, las noches en vela y  aquello que tuvo que dejar de lado para poder avanzar.

Poquísimas veces el resultado tiene que ver con la suerte, mientras el aspirante estaba distraído, el profesional estaba trabajando, mientras el primero lo estaba pensando, el segundo ya lo estaba intentando.

Existen dos tipos dolores en esta vida. El que se produce al intentar y el que se produce por el arrepentimiento de no haber hecho. Intentar pareciera doler más por qué es un dolor inmediato, pero la verdad es que es una ilusión, ya que al menos es un sacrificio temporal y más temprano que tarde desaparecerá.

Pero el dolor que se produce cuando nos quedamos con las ganas de brillar, es un dolor de esos que no se va y lo que es peor, es irreversible.

Como decía Muhammad Ali “El dolor es temporal, pero el honor es para siempre”. La próxima vez que veamos a otro haciendo lo que a nosotros nos corresponde en esta vida, mas nos vale decidir que tipo de dolor queremos experimentar

El que se produce al intentar o aquel que se produce por el arrepentimiento de no haber hecho. Como sea…  siempre hay un precio que pagar