febrero 03, 2018

Mucho ruido, pocas nueces

Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Esperábamos que fueran a corto plazo los efectos de la Ley 1874 del 27 de diciembre de 2017, que restablece la enseñanza de la asignatura de historia, como ha sido la generalidad en la legislación colombiana. La norma recientemente aprobada anuncia una vigencia inmediata, pero a la vez fija un plazo de dos años para trazar sus lineamientos.

¿Pensaría el legislador que los colombianos desconocemos nuestra propia historia? Esta está escrita y bastaría con enseñarla guiados por los hechos, sus causas y consecuencias socioeconómicas, culturales y políticas.

Cuando en otrora el texto oficial de estudio era la Historia de Colombia, de Jesús Henao y Gerardo Arrubla, la asignatura perduró casi un siglo.

Lo curioso fue que el Ministerio de Educación la relevó del currículo en los años ochenta cuando emergió un movimiento de nuevos historiadores que se apartaron de la línea ideológica oficial de la Academia Colombiana de Historia.

Álgidos debates conllevaron a censurar esos nuevos libros con otros enfoques históricos. La oleada de nuevos licenciados egresados de la Universidad Nacional y de Univalle, exdiscípulos de Jaime Jaramillo Uribe, Álvaro Tirado Mejía, Germán Colmenares, Jorge Orlando Melo y Orlando Fals Borda, nombrados de docentes en los colegios antes que la quitaran como asignatura independiente, la enseñaron fuertemente supervisados y ciñéndose rigurosamente al programa oficial de entonces.

El restablecimiento de la asignatura no requería de tanto tiempo, como si se tratara de una expedición historiadora. Mucho ruido, pocas nueces. Sólo necesitábamos tiempo prudencial para retomarla, porque la historia está escrita, hay un legado programático, experiencia metodológica y tenemos las fuentes bibliográficas relegadas en los anaqueles.