junio 26, 2018

La argumentación debería basarse exclusivamente en lo que estipule la ley

Mockus, más allá de las emociones

La definición en este caso debe ser con base en las normas electorales, las demás consideraciones sobran.

El debate entorno a la presunta inhabilidad de Atanas Mockus para ser elegido senador es una clara muestra de cómo la opinión pública colombiana gira en torno a emociones y no a razones, incluso en casos como éste, en el que la argumentación debería basarse exclusivamente en lo que estipule la ley.

Lo preocupante es que estas posiciones emocionales son promovidas tanto por detractores como por defensores del más alto nivel, que encontraron en el caso la excusa perfecta para extender las confrontaciones de la campaña presidencial y lo convirtieron en una nueva puja política.

El nombre de un ciudadano que enfrenta un proceso legal debe ser indiferente a la hora de establecer su responsabilidad, lo que se debe considerar es su actuación frente a una normal puntual y determinar si la cumplió o no.

En el caso puntual de Antanas Mockus es un error centrar el debate en su idoneidad para llegar al Congreso de la República, lo que se cuestiona no es su preparación, tampoco su trayectoria, aquí su hoja de vida no tiene nada que ver, el punto en cuestión es si su condición de representante legal de la Corporación Visionarios, que suscribió contratos con el Estado, lo inhabilita o no para ser senador.

La discusión, en resumen, no es si Mockus merece ir al Senado o si Colombia necesita a alguien como él en el legislativo, es si un ciudadano en su situación, sea quien sea, cumple los requisitos legales para ser elegido congresista. Si los cumple, puede posesionarse, y si no, no.

Por eso la decisión que finalmente tomen las autoridades electorales debe responder exclusivamente a la aplicación de las normas, no a las presiones de parte y parte, y tanto los defensores como los detractores de Mockus deben respetar la decisión y no politizarla.