diciembre 09, 2016

Mauro Castillo: un caleño en Bogotá

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Por Umberto Valverde

Mauro Castillo acaba de lanzar una nueva producción musical. Fue cantante del Grupo Niche y también trabajó como actor en la serie de Joe Arroyo. Ahora volverá a la pantalla con la historia de Pambelé. Es el segundo hijo del matrimonio de Hugo Castillo, nacido en Puerto Tejada, maestro de escuela y fotógrafo,  y de María Teresa Rivas, caleña de nacimiento, modista de profesión. Se crió en Prados del Sur, porque su padre compró un lote en ese barrio.

El problema es que como un barrio que ni siquiera tenía acueducto, recogían el agua en tubos cercanos y las entidades de la alcaldía, como siempre, eran indolentes. Sus abuelos maternos vivían en Cristóbal Colón y Mauro pasaba temporadas con ellos para no sufrir los inconvenientes de Prados del Sur. Se acostumbró a ver a su padre luchando por no perder la inversión que ha había hecho en su casa. Sus tíos que vivían en Cristóbal Colón eran melómanos, les gustaba desde Led Zeppelin hasta toda la salsa. Sin embargo, fue en el barrio de la casa de su padre donde conoció a la orquesta La Ley y a los del Caney, tocando en vivo, y eso lo asombró mucho. Recuerda la impresión de ver a Hermes Manyoma cantando su coro “vive feliz con otro amor”. Cuando salió del colegio se fue a prestar servicio militar a la policía y se metió a la orquesta de la institución, donde terminó enamorado de la música. Tocaban mucho en Decepaz y en los barrios del Distrito de Aguablanca. Castillo extrañamente entró a la Universidad del Valle a estudiar economía, pero a los dos años se cambió a la licenciatura en música. Estudió canto lírico y trombón clásico, además absorbía todo el sonido de la calle caleña.

-¿Cómo fueron tus experiencias en el Festival Petronio Álvarez?
-En la universidad me gané la audición para hacer parte del grupo Bemtú, con el cual trabajábamos en colegios de clase alta. En una de esas presentaciones conoció a Adriana Chamorro y fue ella quien me presentó a su novio José Aguirre. Grabamos un álbum llamado TQM en estudios Niche. Decidimos participar con Bemtú en la primera versión del Petronio Álvarez y compartimos el primer lugar con la orquesta La Contundencia del Chocó. Para la segunda versión participé con un grupo llamado Sotavento, pero el jurado consideró que  la propuesta no estaba relacionada con el folclor y era demasiado jazzística. Uno de los temas que compuse se llamaba El Alboroto y ganamos el premio a Mejor Arreglo, sin estar en la final, gracias a la decidida defensa de uno de los jurados, Antonio Arnedo. Dos años después participé como director y arreglista del grupo Quinto Piso y ganamos el primer lugar en la modalidad libre.

-¿Cómo fue la relación con Jairo Varela?
-Al maestro Jairo Varela lo conocí porque estaba necesitando un cantante en esa época. Jairo Varela ya me había pedido el pasaporte dos años antes porque me vio cantando con Los Generales.  En ese entonces era compañero de Elvis Magno y al mismo tiempo era corista de Tito Gómez. Entre al grupo en el 2001,  para ese entonces Jairo ya vivía en Miami. Tuve momentos buenos y momentos malos con el maestro, más fueron los buenos, aprendí del mucho y compartimos muchas cosas, no me gustaba que cambiara tanto de opinión en cosas de logística y económicas, por eso discutía mucho con él, decía que yo era rebelde. Cuando grabé en álbum Control Absoluto con los éxitos Ganas y Enamorada.

Él le tenía esas canciones preparadas para Lalo Rodríguez, un día estaba en el estudio esperando a Lalo y Lalo no se presentó, estaba muy apegado al béisbol en Miami en esa época y ya me había pasado las canciones, entonces me dijo ” pasa al bate a ver con qué me vas a salir” .Y ahí comenzó todo, grabé el cuerpo de la canción ganas de arriba a abajo, en esa primera vez tenía que ser así. Jairo no daba segundas oportunidades frente al micrófono. En la segunda producción que se llamó Imaginación yo no grabe ni una nota, solo salí en la foto. A raíz de los problemas ocurridos cuando dos compañeros se vieron envueltos en el problema de España con las maletas y la droga que les plantaron nos cerraron la entrada a muchos países,  Estados Unidos no fue la excepción, no pude viajar a grabar el álbum donde canta Osvaldo Román. Fueron días complicados pero Jairo nunca quiso que me fuera del grupo de hecho seguía pagando mi sueldo y yo salía a tocar a países que no fueran de Europa ni USA. Después volvía a Estados Unidos, ya con mucha destreza en la ingeniería de sonido, la cual aprendí de forma autodidacta entonces fui yo quien mezclo el álbum Alive, asimismo me fui nutriendo de otros sonidos y estuve nominado a los Grammy con Enclave y Tito Nieves haciendo ingeniería  y coros.

Todo eso me dio experiencia para buscar mi propio sonido. De hecho la última vez que lo vi antes de morir fue un mes atrás porque tenía algunos problemas de implementación de un sistema de sonido que yo ya tenía entonces,  fui a Cali a revisarlo. Siento que mi salida como cantante del grupo fue la distancia a raíz de la imposibilidad de estar en Estados Unidos. Aun así cuando él necesitó un trombonista para cubrir las giras me llamaba.

mauro-45-¿Cuéntanos sobre tu nueva producción?
-Siempre en lo musical he querido hacer propuestas que desde lo técnico se sientan diferencias.  La globalización de manera indirecta impone métodos e instrumentos y equipos  para hacer música entonces me gusta ir en otra dirección. Escojo cuidadosamente cada uno de los instrumentos con los que vamos a hacer los discos. No en vano esta producción se llama La Receta. Siento que nuestra región tiene una riqueza musical enorme que no hemos explotado a veces por tener tantos sonidos tan a la mano y tan cerca se vuelven parte del paisaje entonces mi tarea ha sido proponer con instrumentos como la marimba reemplazando al piano.

Lo que deseo con estos ejercicios es cada vez más hacer una mejor descripción de mi aldea para así ser universal. Utilicé una máquina de cinta de los años 70 para grabar el álbum buscando una estética diferente,  invité al maestro Humberto Chaparro ingeniero del Joe Arroyo Jorge Oñate y Diomedes Díaz para darle forma al proyecto. Es importante que cuando suenen los instrumentos sin que la voz haya hecho aparición  la gente tenga un referente de ese sonido. Me da mucha satisfacción saber que estoy logrando eso.

-¿Cómo ha sido tu experiencia de actor en la televisión nacional?
-Mi participación en la telenovela del Joe Arroyo ha sido un escalón más en mi carrera por qué la gente conocía mi voz pero no se hacían a una imagen mía, no conocían mi cara, y,  eso es fundamental hoy en día a la hora de hacerse a un nombre. Tuve la fortuna de conocer al maestro Arroyo pero entre todo ese ruido no tuvimos muchos espacios para hablar, le conté que fui yo quien escribió las partes que él canto en una canción con Naty Botero. Me dijo que nunca perdiera el miedo y la ansiedad quedaba antes de subirse al escenario, que el día que eso ocurriera, todo se acabaría.  Ahora estoy en una serie que no tiene nada que ver con la música, tiene que ver con el boxeo, espero que a la gente le guste pero estoy seguro que va hacer diferente al Joe porque los tiempos han cambiado, cada vez la gente ve menos televisión y hay muchas más formas de entretenimiento que hace 5 años.

Mucha gente piensa que el éxito que estoy viviendo en la música se debe a que aparecía en una novela yo creo que es diferente porque tengo un camino y una trayectoria, de ser así entonces  estaríamos mucho más acompañados por ex participantes de realities. Tengo que darme el tiempo para hacer música y las giras, la televisión es exigente es un trabajo que te llena de satisfacciones cuando lo ves terminado pero en la etapa de producción se sufre bastante. He llegado al punto de escoger en qué series quiero trabajar, me gusta comunicar a través de la actuación pero la verdad, hay que ser cuidadoso.

-Cómo ves el panorama de la salsa, más en tu caso, siendo caleño viviendo en Bogotá?
-La salsa tiene muchos colores.  Esos colores influencian más unos lugares que otros. En la misma Cali se escuchan estilos de salsa diferente según los barrios. Hay que estar atento a la hora de comunicar en la salsa sobre todo porque las emisoras se mueven con las tendencias y muchas veces no estoy con la tendencia pero aun así hay mucha gente que me escucha, este es un proyecto orgánico apoyado por los D.J.s.

Bogotá es una ciudad que tiene espacio para todo, donde los músicos tocan toda la semana para poder sobrevivir y muchos géneros, entonces es importante inculcar la disciplina y más que eso hacer que tengan claro el estilo, que cuando lleguen a tocar sepan que hay una razón por la cual deben hacerlo de cierta manera para que funcione en la tarima, se convierte en un New York más donde está pasando de todo y hay que ser preciso y versátil para poder sobrevivir.

El Petronio

¿Qué observaciones harías hoy al Petronio Álvarez después de tus participaciones y lo que has podido ver en estos años?
-Definitivamente siento que debe haber un cambio que no esté ligado a si  el público grita más o no. es importante tener la aceptación popular pero deberían permitir, de verdad, el uso de las fusiones, nos pasó en la segunda versión del Petronio Álvarez con el grupo Sotavento que dirigió Pablo Mayor, un músico caleño profesor de jazz en institutos de New York y pianista de Eddie Zervigon. En aquel entonces pensábamos que 10 años después las propuestas que se iban escuchar iban hacer parecidas a lo que hicimos pero han pasado muchos más y aún no hay pro-puestas donde escuchemos que los músicos se arriesguen de verdad.

Lo que he sentido es que se trata también  de una cuestión de balance porque hay propuestas que tienen elementos urbanos como el jazz, el funk y otras músicas pero en la ejecución se olvidan de la esencia del folklor entonces se desdibuja un poco porque no se siente la raíz. Se trata de investigar un poco más a fondo por parte de los más técnicos.

Hay otros totalmente folclóricos donde  se podría hacer mucho más por ejecutar mejor los instrumentos, sobre todo Los vientos donde se evidencia una ausencia total de la técnica lo que hace incurrir en errores innecesarios y haciéndola menos atractiva para escena-rios internacionales. Culturas como la brasilera han sabido tomar provecho de la técnica y así hacer su música más universal es complejo. Jairo Varela que en paz descanse, decía que hasta que los músicos profesionales no asumieron la responsabilidad de tocar el folclor la música iba a seguir estancada. Y tenía razón.