mayo 12, 2018

Maestros por siempre

Luis Ángel Muñoz Zúñiga

El Ministerio de Educación Nacional, mediante el  decreto 0996 del 4 de mayo de 1951, determinó celebrar cada 15 de mayo el Día del Maestro, en reconocimiento  a  quienes entonces  cumplían con los programas oficiales, repletos de virtud, cultores de la tradición e instructores con palmeta y pizarrón, que  exigían a sus alumnos las lecciones de memoria.

Así se empezó a reconocer  que gracias a los maestros  la sociedad  cuenta  con   hombres útiles.

“Usted  formó mi corazón para la libertad, para la justicia, para la grandeza, para lo hermoso. Yo he seguido el sendero que Usted me señaló”, le escribió Simón Bolívar a su maestro Simón Rodríguez.

Las  personas   recuerdan  a los maestros  de la infancia  porque les  enseñaron  a leer y se parecían  a  los  sustitutos  de sus padres.

“Dedico este premio  a mi primera maestra Rosa Elena Fergussón del Colegio Montessori de Aracataca, que a los cinco años me hizo enamorar platónicamente de ella y realmente de la literatura”, declaró García Márquez a la prensa en Estocolmo.

Para otros, fueron  más importantes los  profesores de bachillerato: “A medida que pasan los años y advertimos  nuestras debilidades,  más se me levanta el recuerdo de Pedro Henríquez Ureña, aquel profesor de mi adolescencia.

Era una concepción del mundo que con amabilidad admitía hasta las preguntas más chocantes de sus alumnos”, dijo Ernesto Sábato.

Aunque hoy se piense que la docencia sea una manera simple de ganarse la vida y haya quien pregone  diatribas contra los maestros,  somos justos y bondadosos,  precisamente porque de  niños contamos  con esos seres humanos que escogieron  la  noble  vocación  de educar.