marzo 12, 2018

La defensa de la institucionalidad será la tarea primordial de los nuevos legisladores

Los retos del nuevo Congreso

A los representantes a la Cámara y senadores de la República elegidos ayer los esperan grandes retos a los que no pueden ser inferiores.

Indistintamente de su filiación política, cada uno de los congresistas elegidos para el periodo 2018-2022 debe comprometerse con unos postulados inaplazables, debates y reformas pendientes que no dan espera, como la reforma a la justicia, la reforma al sistema de salud, la reforma política, la reforma pensional y una nueva reforma tributaria que corrija los nefastos efectos de la que fue tramitada en este periodo que termina por el presidente Juan Manuel Santos y aprobada por la mayoría de los partidos de la coalición de gobierno.

Pero, más allá de cumplir con estas tareas, es necesario que los nuevos representantes y senadores asuman un compromiso en un asunto fundamental: la defensa de la institucionalidad colombiana.

En medio de la incertidumbre que genera la posibilidad de que el próximo presidente de la República trate de adelantar reformas radicales que puedan darle un vuelco a nuestro sistema democrático y al modelo económico del país, se requiere un Congreso capaz de salvaguardar la institucionalidad por encima de cualquier interés político y personal.

Salvo contadas excepciones, el Congreso que sale, motivado por la mermelada, hizo concesiones excesivas al gobierno Santos, sin medir las concecuencias de largo plazo para la institucionalidad nacional.

Aunque muchos de esos congresistas fueron reelegidos, ojalá entiendan que la estruendosa abstención que se registró ayer es una señal de reprobación por parte de un país que quiere unos legisladores comprometidos con la defensa de los intereses ciudadanos, no de sus intereses particulares.

Sea de izquierda, de centro o de derecha, se requiere que el próximo gobierno de Colombia tenga quien lo controle con independencia, como garantía de equilibrio de poder.