julio 08, 2018

López Obrador

Alberto Ramos Garbiras

El primero de julio ganó las elecciones en México López Obrador, había sido derrotado dos veces, quedó atenazado entre los dos partidos mayoritarios, el PRI y el PAN.

La corrupción, la pobreza y el avance de las mafias prosiguió durante los últimos 12 años. Fundó un partido alternativo, Movimiento de Renovación Nacional (Morena),con el que podrá gobernar desde diciembre 2018.

López Obrador, de origen izquierdista, ha sido calificado como populista, y más ahora con la canalización multitudinaria que hizo para formar la mayoría electoral.

Podríamos analizarlo como un socialdemócrata, progresista, con rasgos populistas, pero de ninguna manera como un demagogo.

La segunda oleada populista en América Latina (1999/ 2018) vio aparecer el neopopulismo socialista del siglo XXI, y otras formas de socialismo.

El populismo es cíclico, su aparición se registra porque las mismas clases hegemónicas se debilitan y sus castas corroen el aparato del Estado perdiendo gobernabilidad y credibilidad, los partidos políticos ya no representan al pueblo, en esa clase de coyuntura, aparecen los dirigentes populistas.

No aparecen porque sean espontáneos, no, son las condiciones creadas por el mal manejo de los gobiernos que han detentado y la malformación democrática.

En América Latina ha operado en los últimos 17 años que, el populismo ha llegado al poder, pero muchos de esos dirigentes populistas no se toman el aparato del Estado para transformarlo, solo se desempeñan dentro de ese sistema administrativo, no lo adaptan a otras formas o instituciones nuevas, precisamente porque la institucionalidad está montada desde años atrás y no las pueden desmontar al quedar entrampados en el legalismo.

Ojalá a López Obrador, no le ocurra lo mismo porque quedaría maniatado ante las viejas instituciones.