diciembre 22, 2017

Lección peruana

¿Por qué Colombia es tan tolerante con las malas prácticas?

Sea cual sea la decisión final que tome el Congreso del Perú frente a la continuidad del presidente de ese país, Pedro Pablo Kuczynski en el cargo, le está dando una muestra de fortaleza institucional y de independencia de poderes al mundo, algo que en nuestro país es letra muerta.

El proceso contra Kuczunski se originó en información que indica que una empresa de su propiedad ofreció servicios de consultoría a la constructora Odebrecht entre 2004 y 2007, algo a todas luces menos grave que lo ocurrido en Colombia con la campaña del presidente Juan Manuel Santos en 2014, a la que la constructora brasilera aportó un millón de dólares, pero aquí extrañamente la continuidad del Jefe de Estado no está en duda.

Cuando se empezó a tener información sobre la financiación de Odebrecht al Mandatario colombiano, tanto las autoridades judiciales como las electorales miraron hacia otro lado, y el Congreso de la República, mayoritariamente “enmermelado”, ha sido incapaz de iniciar un proceso contra Santos.

No se trata de destituirlo porque sí, si no de reclamar un proceso legal en el que se evalúen las pruebas, el Presidente dé explicaciones y el Congreso tome una decisión. Pero no, aquí el tema simplemente no se toca.

Perú tiene preso al expresidente Ollanta Humala y también emitió orden de captura contra el expresidente Alejandro Toledo por el caso Odebrecth, está a punto de destituir a Pedro Pablo Kuczinski, mientras que Colombia ha sido incapaz de iniciar un proceso serio para determinar la responsabilidad del presidente Juan Manuel Santos en el ingreso de dineros de la constructora a su campaña. Es como si toda la institucionalidad se pusiera de acuerdo para no abordar el tema y, lo que es peor, como si a los ciudadanos no les importara. ¿Qué nos pasa?