mayo 15, 2018

La prohibición

Rodrigo Fernández Chois

Así llamaron de manera popular la “Ley Seca” que rigió en EE.UU. entre 1920 y 1933.

Fanáticos izquierdosos, religiosos extremistas y chovinistas xenófobos culpaban al consumo de alcohol de ser causa de todo mal.

“Se cerraron para siempre las puertas del infierno.” Aplaudieron al decretar la ley.

Trascurrieron trece años, periodo lo suficientemente representativo estadísticamente para contundentes conclusiones.

El resultado de la prohibición: ¡Oh sorpresa!, los americanos vieron como el mercado negro -que apareció inmediatamente promulgada la Ley- favoreció el escalonamiento del crimen organizado a niveles jamás vistos.

Y con la intensificación y fortalecimiento del crimen organizado brotó otro detestable mal: la corrupción, plaga que contaminó las estructuras policiales, administrativas e incluso políticas.

Creo que fue el millonario John D. Rockefeller quien, a pesar de haber estado de acuerdo con la restrictiva ley, no dudó en afirmar que “el remedio había sido peor que la enfermedad”.

El caos llegó a tal extremo -Hollywood sí que da cuenta de ello- que, en 1933, Franklin D. Roosevelt, considerado como uno de los mejores presidentes de EE.UU. -sino el mejor- derogó la absurda e inconsecuente ley.

¿Con respecto a la Ley Seca en Cali qué se puede señalar? El mercado negro como era de esperarse emergió incontinenti y a su alrededor los males que suelen escoltarle.

La ley de la oferta y demanda se superpuso al esfuerzo policial patentizándose en violaciones evidentes durante el concierto y zonas específicas de la ciudad. Y para completar, la desafortunada estadística en lo referente a homicidios dejó mucho que desear… ¿Y la experiencia gringa? Ah. ¡Pero como nadie aprende en cuerpo ajeno!