mayo 09, 2018

La política

Fabio Cardozo

En estos días en todas las campañas se están comiendo las uñas: los unos por mantenerse en la foto de los punteros, los otros por hacer parte de la foto; hasta los coleros harán esfuerzos adicionales por lograr resultados dignos.

En todo caso, les gobiernan más los nervios que las propuestas. Esta campaña se ha caracterizado por las sorpresas.

Los analistas políticos han tenido que ajustar sus pronósticos y análisis en la medida que avanza la contienda.

Cuando este proceso comenzó se nos dijo que el presidente era Vargas: amo y señor de las maquinarias y portador de una chequera solo comparada con la prominencia de su abdomen; después fue Fajardo quien se separó del lote.

Buena pinta, sin cicatrices recientes, porque cuando andábamos dándonos trompadas por la paz, el glamuroso profesor paseaba por Europa.

Estructuró un discurso asexuado y aséptico para un inexistente centro político, mientras la campaña bullía en la plaza pública al son de vallenatos y madrazos.

Después de las consultas el uribismo se declaró con justicia su ganador, y se especuló en ese momento que ganarían por nocáut en la primera vuelta.

Su joven candidato no termina aun, de repartir sonrisas más a la diestra que a la siniestra, luego de este certamen, en el que venció con holgura a monseñor Ordóñez y a Marta Lucía Ramírez, una de las lenguas mas bravas de este país, Dios quiera no lea esta columna.

Ahora Duque a tenido que aferrarse al alma de Turbay. Le reza todas las noches a la fotografía de este prócer que pendía en su oficina del BID ante el crecimiento electoral del Coco.