noviembre 09, 2017

La cosecha

Fabio Cardozo

El fin de semana anterior en el marco de una actividad del gobierno departamental, tuve la oportunidad de visitar el municipio de El Águila, de disfrutar su paisaje cafetero incrustado en un entramado montañoso que determina las bondades placenteras de su clima.

Daban ganas de tomarse una cerveza para atender el parloteo de los campesinos, mientras pagaban a sus trabajadores el jornal por la recolección de café. Hacía tiempo no veía sobre la mesa de las tiendas y las cantinas, en medio de tasas de café y cerveza, tanto dinero en efectivo, de a montoncitos para facilitar el pago. A doscientos mil se está pagando el jornal, pues el café se estaba cayendo, a decir de la gente en la plaza.

El parque principal estaba lleno de frutas de todos los colores, espléndidas como las que producen nuestros campos, con el sabor dulce de la Colombia campesina.

Asistíamos a un día de mercado, el momento para ponerse un buen sombrero, visitar el barbero; las damas vestir sus vestidos primaverales que le hacían juego con su geografía verde y floreada; los niños alegrando como siempre la mañana, mientras sus madres se desgañitan intentando sin fortuna corregir su explosión de alegría que, hacen de ellos la bella y necia legión solo soportable por sus progenitores.

Hasta los pobres venezolanos llegaron a coger café, gracias al buen precio de la colecta, confirmando que nos estamos llenando de nuestros hermanos bolivarianos; también llegaron las fiesteras muchachas que se quedan con parte de las utilidades de la cosecha, mejor dicho, llegamos todos, hasta el gobierno. Y yo, me pedí un tinto, no la cerveza.