septiembre 09, 2017

Justicia prostituida

Carlos Cuervo

Abril del 2010 debería ser recordado como el mes en el que se pudo cambiar el rumbo que llevó a la justicia del país a este vergonzoso colapso.

El exprocurador Ordóñez declaró insubsistente a Ana María Garzón, procuradora delegada para la vigilancia judicial y anuló sus actuaciones que comprometían a funcionarios del Consejo de Estado y abogados litigantes, según consta en publicaciones realizadas en la revista Semana y el diario el Espectador.

La investigación de la abogada Garzón estaba constituida por un expediente abierto con pruebas en contra de los implicados entre los años 2006 a 2009 por señalamientos como los que hoy se le hacen al exfiscal anticorrupción y a los exmagistrados de la Corte Suprema.

Este oscuro episodio nunca esclarecido comprueba cómo la sal venía corrupta de hace más de diez años y lo que hoy vivimos no es más que otro apéndice de un doloroso proceso de putrefacción al interior de la rama judicial.

Para quienes creemos en la institucionalidad, la independencia de poderes en Colombia, resulta desolador asistir a este deterioro paulatino del cimiento de la sociedad, como lo es la impartición de justicia.

¿Cómo exigir comportamientos íntegros a un colectivo cuando algunos de quienes ostentan la mayor representación de resolver los asuntos legales son ímprobos?

Además es necesario que el resto de integrantes de la rama, desde exmagistrados, sindicatos y funcionarios, exijan un punto final y se investigue hasta las últimas consecuencias. No a nuevas disculpas para crear un tribunal independiente para aforados y demostrarle al país que sí podemos salir de la profunda sima moral.