Diciembre 21, 2016

Habrá segundo round del plebiscito

Por Mauricio Ríos Giraldo

En las últimas cinco elecciones presidenciales las Farc han sido el factor que ha inclinado la balanza en favor del triunfador; los colombianos no han votado por una propuesta de país sino por la posición frente a la guerrilla:

En 1998 ganó la ilusión del  proceso de paz con las Farc que vendió Andrés Pastrana y, ante la desilusión que dejó ese estruendoso fracaso, en 2002 y 2006 ganó Álvaro Uribe con su propuesta de mano dura contra la guerrilla -la seguridad democrática-, la misma que en 2010 le dio el triunfo a Juan Manuel Santos, quien paradógicamente en 2014 logró su reelección con una tesis contrapuesta.

Las elecciones de 2018 no serán la excepción, aunque para esa fecha la guerrilla ya esté desmovilizada, el próximo presidente se definirá en un debate en torno a las Farc.

Aunque el presidente Juan Manuel Santos, estratégicamente -previendo una nueva derrota- decidió no convocar un nuevo plebiscito para someter al veredicto ciudadano la segunda versión del acuerdo de paz con las Farc, el segundo pulso entre el Sí y el No será inevitable…

Ese pulso será en las elecciones presidenciales de 2018, que en la práctica serán un segundo plebiscito.

Aunque inicialmente habrá candidatos de todos los colores, en la recta final de la campaña las aspiraciones se reagruparán entorno al Sí y al No, de un lado estarán quienes defienden a capa y espada el acuerdo con las Farc y, del otro, quienes insistirán en que lo pactado violentó el orden constitucional y premió la impunidad.

En ese escenario, las Farc, cuyo partido no presentará candidato propio, respaldarán al candidato que defienda el acuerdo de paz, que será también el candidato del Gobierno Nacional…

Quien quiera que sea el elegido para encarnar esa aspiración tendrá de entrada un grave problema de imagen, pues será al mismo tiempo el candidato de la guerrilla y del presidente Juan Manuel Santos, es decir, heredero de su desaprobación, aunque tendrá a favor el aparato burocrático y la mermelada…

Es tal el lastre que arrastran las Farc que ni siquiera en la izquierda democrática quieren que los relacionen con el nuevo partido de la guerrilla; en el Polo Democrático Alternativo, por ejemplo, se esfuerzan por señalar que quien sea elegido candidato de esta colectividad no será el candidato de las Farc.

No quiere decir esto que del otro lado la tengan fácil; si bien la conjugación de la mala imagen de Santos y las Farc en una sola candidatura supone alguna ventaja para los del No, su reto es ponerse de acuerdo en un nombre…

Y es que mientras en el lado del Sí el panorama está despejado para que Humberto de la Calle sea el candidato, del lado del No las cosas no están tan claras.

El Centro Democrático tendrá candidato propio -Iván Duque u Oscar Iván Zuluaga-, pero el exprocurador Alejandro Ordóñez también irá.

Claramente el expresidente Álvaro Uribe, por muy cercano ideológicamente que sea a Ordóñez, insistirá en que el candidato que enfrente al candidato del presidente Juan Manuel Santos y las Farc sea alguien de su partido, de su entraña.

La gran incógnita es qué papel jugará el vicepresidente Germán Vargas Lleras, quien aunque hace parte del gobierno Santos promovió el Sí a regañadientes, se mantuvo distante del proceso de paz, no participó en los actos de firmas de los dos documentos y ha manifestado públicamente sus reservas en algunos puntos.

¿Sería posible que Uribe y Vargas  superaran sus diferencias y se unieran para enfrentar al candidato de Santos y las Farc? De darse esta alianza, a la que podría sumarse el Partido Conservador, las opciones de triunfo serían muy altas.

Sin embargo, es poco posible que las alianzas en torno al Sí y al No se den antes de la primera vuelta, será solo hasta la segunda vuelta, cuando se definan los dos finalistas, que vendrá el reagrupamiento de las fuerzas políticas.

Solo hasta el segundo semestre del año entrante los partidos políticos empezarán a definir sus candidatos…

Se viene hablando de la posibilidad de una consulta popular en octubre en la que todas las colectividades decidan al tiempo, esto para evitar que haya infiltraciones como la que se dio en 2010, cuando la consulta conservadora fue infiltrada con votos de otros partidos para favorecer a Noemí Sanín y derrotar a Andrés Felipe Arias con la intención de que Juan Manuel Santos se convirtiera en la única opción de