octubre 18, 2016

A la tarima con Valverde

Gilberto Cárdenas, empresario y salsero

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Gilberto Cárdenas es uno de los pocos empresarios salseros caleños. Es salsero por convicción y por formación familiar. Se crió en Yumbo, donde hizo sus estudios de bachillerato y su carrera de Comunicación Social en la Universidad del Valle. Todo el amor por la música le viene de su madre, melómana, amante del tango, bolero, fox y milongas.

Los amigos de su hermana menor llevaban a su casa los elepés de Richie Ray y Bobby Cruz, de Rubén Blades, Willie Colón, Héctor Lavoe, Celia Cruz y, en general, de toda la Fania. Con su otra hermana, la mayor, empezó a ir a los Festivales de Orquestas donde descubrió las orquestas caleñas, La Misma Gente, Bemtú, La Octava Dimensión, Son de Azúcar, y las agrupaciones visitantes, como la Sonora Ponceña, el Gran Combo, entre otras.

Yumbo era un pueblo salsero, existía la tradición de El Pedregal, un  balneario, y también bares como Enterprisse y Cangrejos. Esto lo llevó a uno de sus primeros trabajos, ser DJ de Cangrejos.

Sin embargo, un gran golpe en su vida lo afecta, la muerte de su madre en 1998. El dolor lo lleva a la rumba y hasta las tentaciones de la droga. Se va a vivir con su padre y su hermana mayor, retoma sus estudios universitarios y empieza a trabajar en Telepacífico, en oficios técnicos hasta que llegó Germán Patiño a la gerencia de la entidad, quien le encargó un programa musical que se llamó Calle Luna, que se emitía los viernes y los sábados.

La realización del programa le permitió obtener contactos musicales con artistas que invitaban como Cheo Feliciano, Tito Nieves, Marvin Santiago, Pedro Conga, El Gran Combo, Andy Montañez, Vitin Avilés, Celio González, Raúl Marrero y hasta el mismo Nelson Pinedo. También se fue haciendo amigo de los empresarios de esa época, que trataban de revitalizar la salsa. Ya no venían las orquestas completas sino los cantantes, es el periodo de Luisito Carrión, Cano Estremera, Luigi Texidor, Pedro Brull, Rafú Wagner y muchos otros.

Se animó a ofrecer sus servicios como jefe de prensa de los espectáculos salseros que venían a Cali. Una persona le dio la oportunidad pero nunca le pagó. Aprovechó la ocasión abriéndose camino entre los artistas, ganándose su amistad.

En el 2002 terminó el programa Calle Luna y tuvo el interés de aprender música, sobre todo percusión. Tomó una clase electiva en la universidad con el profesor Jhon Jairo Bonilla y más adelante con Diego Camacho, hoy en día percusionista del Grupo Niche. En el Instituto Municipal de Cultura de Yumbo tomó clases con los profesores cubanos David Arbeláez e Isbel Chamizo. Abandonó la Comunicación Social por la música. Por otro lado, su amistad con músicos boricuas como Richie Bastar, de El Gran Combo, Jimmy Morales, Pablo Padín y José Lugo, quien acaba de fallecer, con quien estableció una amistad entrañable.

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Le gustaba ese mundo de las orquestas y tuvo el deseo de irse a vivir a Puerto Rico. Edgar Nevárez y su hermana le hicieron ver que dejar los estudios era un error para trasladarse ilegalmente a Puerto Rico. Terminó ambas carreras. Soñaba con hacerse músico famoso, estar en tarimas, pero comprendió que esta profesión exigía grandes sacrificios, estudiar un instrumento diez horas al día, y ese tiempo no lo tenía por cuanto necesitaba trabajar para mantenerse. Entonces, con dolor, dio el paso al costado. Ser músico mediocre no era su ideal.

En el 2004 trabajaba en la página web de un portal llamado www.caliescali.com. Cubría conciertos y las rumbas de Cali. Pedro Brull, a quien había conocido en su época de Calle Luna, le insistió en convertirse en un empresario.

Fueron casi tres años, hasta que concretó su primera negociación, vendió a Luigi Texidor a la discoteca Samba Caramba de Juanchito. En el año siguiente, Pedro Brull se convirtió en solista al salir de la orquesta Mulenze y trató de ubicarlo pero una persona le falló, entonces decidió hacer la presentación en el Pedregal de Yumbo. El evento salió bien, pagaron los pasajes, sobraron cuatro mil pesos de la época y se los repartieron con Brull en partes iguales. Aprendió que no se podía confiar en la palabra de nadie y que se necesitaba honrar su palabra con la seriedad.

¿Qué significa ser empresario de salsa en Cali?
Un desafío total. La salsa es un género que aunque fuerte en Cali, pasa por uno de los momentos a mi parecer más críticos de todos los tiempos. No hay figuras nuevas y eso hizo que el género se estancara. Es difícil encontrar opciones salseras que hagan rentable el negocio, las que hay en su gran mayoría han sido muy vistas y no representan mayor novedad para el público. Hacer eventos para 1.000 personas es toda una labor titánica. Cali es una ciudad cross over que acude a su apodo romántico del pasado, se consume mucha salsa sí, pero no creo que sea la Capital Mundial de la Salsa y espero no herir susceptibilidades con mi afirmación.

¿Cómo se consolidó tu amistad con Van Van?
Van Van es, como les llamó yo, mis hijos mimados. Tuve la oportunidad de conocerles en el año 2006 a través de la persona que los representaba en ese entonces para Sur América, año en que trabajé con ellos en Cartagena y en Cali. Debo confesar que siempre me llamó la atención la forma de tocar de Samuel Formell, de quien me considero fanático, y en le época que presté servicio militar, año 1997, sonó mucho en Cali uno de sus éxitos más grandes, Qué sorpresa. Poco a poco, trabajar con ellos fue algo mágico, su sonoridad me envolvió y la amistad creció, más allá del negocio.

Van Van se presentó en Cali en ese septiembre del 2006 en el Teatro Jorge Isaacs y hubo que abrir una segunda función, pues agotó rápidamente, su público llevaba más de 8 años sin tenerlos en la ciudad. Formell montó su nueva producción y el público reaccionó mal, querían escuchar lo ya conocido por la gente.

Se lo comentó a Formell y éste le respondió: “Yo soy dueño de mi orquesta y toco lo que quiero”. Al día siguiente Juan Formell le dijo: “Tienes que aprender que un grupo musical debe presentar sus nueva propuestas, de lo contrario se envejece con el repertorio de siempre. El músico propone e impone”.

¿Cómo es tu relación con el Gran Combo y con Rafael Ithier?
Mi primer contacto cercano con el Gran Combo lo hice estando en Telepacífico en el año 2001 para un enero cuando se realizó un reencuentro en las Canchas Panamericanas entre Andy Montañez y El Gran Combo.

Fue un contacto especial porque pasé de ser el fanático de sus discos para pasar a ser fanático de uno de sus músicos, Richie Bastar, hijo del gran Kako Bastar, quien estaba recién incorporado a la Universidad de la Salsa. Fue con él que empecé a compartir del grupo y quien empezó a presentarme a cada uno de sus miembros, menos al Jefe.

Todos empezaron a cogerme cariño porque compartía con ellos, les ayudaba a cargar instrumentos, me invitaban a comer,  se empezó a compartir a otro nivel más personal, era el estudiante de periodismo que compartía personalmente con ellos. Don Rafael no pasaba del saludo. Willie Sotelo me hizo el contacto y empezamos a trabajar hace cinco años. He aprendido mucho a su lado, en una cena o en los viajes.

¿Por qué es tan difícil posicionar un cantante o una agrupación colombiana de salsa?
Son muchas razones. Lo primero es que hoy día no hay sonidos originales. Los grupos de antes grababan con sus músicos, hoy Pepito graba con los músicos que grabó Juan, Rodrigo y Oscar, todo el mundo suena a lo mismo y a nada y no hay identidad musical. Adicionalmente, las pocas propuestas que salen no innovan, se quedaron siendo convencionales y el mundo evolucionó.

¿Tú crees que la salsa está vetada en la televisión nacional y en los grandes medios bogotanos?
Estoy totalmente de acuerdo con esta afirmación. La salsa para la TV nacional es algo rico para bailar pero que suena por allá en Cali y de pronto en Barranquilla, pero no algo que amerite darle la importancia que realmente merece. Además, pertenecemos a un país esnobista que prefiere musicalizar en TV y radio con cortes de canciones de electrónica o música anglo y nunca con canciones producidas en la tierra o incluso, ni la misma salsa de afuera.

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¿Cómo fue trabajar con Rubén Blades?
Ha sido una de las experiencias más enriquecedoras y también una de las más gratificantes y de mayores enseñanzas. Es trabajar en otras ligas, con otros parámetros de profesionalismo. Es donde realmente entiendes que el salsero sí puede tener un estatus y puede exigir sí o sí.

El trabajo previo a su show para garantizar la producción fue muy enriquecedor, aprendí mucho. En cuanto a mi experiencia puedo decir literalmente que lo vi en la rueda de prensa, la prueba de sonido y en el show, pues no tuve chance de saludarle tan siquiera. Su círculo de producción y seguridad es estricto y no hubo ese espacio. Para cuando trabajé con él, que fue en el año 2014, Blades venía de salir del sector político y su esquema de seguridad era consciente de ello y no había concesiones de ningún tipo.

¿Qué quisieras hacer con la salsa si pudieras? ¿Qué concierto te encantaría hacer?
Vivo muy agradecido de la salsa porque con ella he logrado lo que siempre había imaginado imposible, pero que siempre quise, con ella he viajado el mundo, he conocido gente importante, gracias a ella he hecho de mi pasión mi profesión, así que siento que le debo mucho y me duele ver como cada vez son menos los espacios de difusión y cada vez menos las figuras que le pueden seguir prolongando la vida.

Aunque nunca lo conocí, sí he leído y he escuchado de primera mano de los protagonistas de la salsa las historias de lo que significó Ralph Mercado para el género. Admiro mucho su trabajo incansable por posicionar la salsa, pueden hablar mucho de él y hay siempre quienes verán el lado negativo, pero no podemos ocultar que le dio un estatus a la salsa y la hizo vivir una época de oro donde se hicieron artistas, figuras y muchas de ellas perduran gracias a lo que él logró. Mis respetos y agradecimientos para él.
Quisiera continuar con sus propósitos.

Hasta hace poco se me desmoronó uno de mis sueños más grandes. Siempre soñé con ser millonario y montar una casa Productora, llamar a dos músicos que he considerado genios de éste negocio, Sergio George y José Lugo, quien falleció el pasado 12 de junio. Me hubiera gustado poder contar con ellos como los líderes de un proyecto donde nos hubiéramos podido dedicar a buscar talentos nuevos y producirlos con los estándares más altos de calidad, invertir en promoción mundial y volver a posicionar la salsa con figuras nuevas. Ya Lugo no está entre nosotros y aún faltan los millones.

El concierto posible que haría hoy en día sería el siguiente: Rubén Blades, Sonora Ponceña, Gran Combo, Willie Colón, Los Hermanos Lebrón, Van Van, Conjunto Clásico con Tito Nieves y Richie Ray con Bobby Cruz.

Tú conoces bien Cuba y Puerto Rico, ¿se puede afirmar que se acabó la salsa en esas plazas y que el reguetón es lo que se oye?
Es relativo. En Cuba se consume demasiado reggaetón pero también es cierto que la Timba domina en el mercado. La diferencia de Cuba con Cali es que producen, suenan lo propio y consumen lo propio. Aquí se suena lo que viene de afuera y se consume lo de afuera. Cuba es un país que en materia de música siempre ha llevado la batuta, hoy por hoy uno de los grupos urbanos más internacionales es Gente de Zona y es cubano, su apuesta de sonidos urbanos y diferentes conquistó al mundo.

Puerto Rico que es conocido como la casa del reggaetón vive un fenómeno extraño, produce el reggaetón pero no lo consume mucho, es más consumido en otras latitudes e irónicamente siendo el país en mi concepto más productor de salsa, está en manos de una sola emisora de salsa. Colombia produce, salsa, reggaetón y no se consume. En muchas ciudades se consume la música de J Balvin y Maluma porque de afuera nos dijeron que eran buenos o por lo menos que convocaban gente y ahí sí se creyó en ellos. Falta que alguien de afuera nos diga que un producto salsero nacional es bueno para que lo consumamos.