diciembre 14, 2017

En cuerpo ajeno

Hay que tomar medidas para que los políticos corruptos no se reelijan a través de otros.

Los delitos de sangre no existen, a nadie se le puede juzgar por acciones ilícitas cometidas por un familiar, pero en política hay ciertos límites que deberían guardarse en aras de combatir la corrupción.

Esta reflexión surge a partir de los políticos que no podrán ser candidatos al Congreso de la República debido a líos judiciales relacionados con hechos de corrupción, pero que harán campaña en cuerpo ajeno. Esta semana, al cerrarse las inscripciones, se conoció que hermanos, hijos y otros familiares de excongresistas presos buscarán mantener sus curules en las elecciones legislativas de marzo.

Como ciudadanos colombianos tienen derecho a elegir y ser elegidos y no hay ninguna norma que les impida postularse a cargos de elección popular, pero es claro que sus campañas estarán soportadas en las estructuras burocráticas y en los capitales construidos por sus familiares presos a partir de prácticas corruptas.

Ahora no hay nada que hacer. Pero se deben adoptar medidas a futuro, como endurecer el régimen de inhabilidades, para que los familiares hasta el segundo grado de consanguinidad y segundo de afinidad de un político condenado por hechos de corrupción no puedan postularse a cargos de elección popular ni ocupar cargos públicos en los que sean ordenadores del gasto.

Puede sonar exagerado e injusto, pero solo así se evitará la perpetuación de las mafias electorales. Esto solo se podría hacer por vía ciudadana, pues difícilmente en el Congreso se lograrían las mayorías necesarias para una iniciativa que va en contra de los intereses de los caciques políticos.

Adicional a esto es necesario perseguir las fortunas de los corruptos, a quienes, al igual que se hace con los narcotraficantes, se les debe extinguir la propiedad sobre todo bien de origen ilícito.

Si no se hace esto, la depuración de la política colombiana será imposible.