marzo 13, 2017

Ellos resisten, nosotros resistimos

Hugo E. Gamboa Cabrera

Lo que vive Buenaventura y muchas otras regiones del Pacífico colombiano no tiene nombre. Principalmente, no contar con servicio de agua. Todos sabemos que donde falta el agua, hay violencia. Ese líquido vital es un derecho fundamental que, cuando no funciona, todo funciona mal. Indudablemente, el origen principal es la corrupción que ha predominado en los políticos que han tenido la sartén por el mango en estos sectores pero, el gobierno nacional también ha tenido que ver y mucho, en esa caótica situación.

Hace cuatro años el gobierno nacional prometió 400 millones de pesos para el acueducto de Buenaventura, un puerto que le brinda al centralismo bogotano 26 billones de pesos y, hasta el sol de hoy, nada de nada. Ahora el Presidente, hace unos días prometió, nuevamente, ayudarle a nuestro principal puerto vallecaucano pero, según dijo, el próximo año, a tres meses de terminar su gobierno y ad portas de elegir un nuevo Congreso y un nuevo mandatario nacional. Por eso el escepticismo ronda en la región. La falta de credibilidad es su peor estigma. El país vive lo que otros analistas dicen en sus comentarios, una “desesperanza aprendida”, es decir, ya nos programaron en este gobierno para no creer así digan verdades.

Hace algunos meses el presidente Santos se desgañitó tratando de mentirosos a quienes aseguraban que se nombrarían a 1200 guerrilleros como escoltas de sus jefes en la Dirección de Protección con un sueldo de millón ochocientos pesos mensuales. Meses después, vimos el decreto respectivo, en el que efectivamente, si era cierto lo que el Presidente negaba.