junio 06, 2018

El voto en blanco: flor de un día

Miguel Yusty

Echando mano al baúl de los recuerdos y a propósito de la inusitada importancia que va a adquirir el voto en blanco en esta segunda vuelta, me encontré con una serie de noticias que colocaron en el pico de la opinión pública el voto en blanco, que en unas elecciones atípicas realizadas aquí en el Valle del Cauca en 2012 obtuvo 132.906 votos correspondientes al 11.9%. Fue una aventura en la que me embarqué con un grupo de amigos y que poco a poco fue recibiendo apoyos.

Sin un peso, con una sede prestada, con unas camisetas que parecían de líderes estudiantiles pusimos en aprietos a todos los profesionales de la política.

Esta votación no se ha vuelto a repetir.

El voto en blanco es una opción legitima, pero no significa como lo quieren hacer creer actualmente, el cambio mágico de las costumbres políticas, como si se tratara de un bebedizo para lavar espíritus y malos pensamientos.

Sin embargo, tal como lo he venido sosteniendo en diversas oportunidades, la primera vuelta dejó un vacío estructural en la coyuntura, pues algunos sectores de opinión se han dado a la tarea de construir una ficción política al establecer que el ganador de la jornada no fue Duque, sino Fajardo y que además esta postura se convertirá en la consigna de la nueva Colombia.

El voto en blanco va a ser un fenómeno pasajero, como sucedió aquí en el Valle, pero que dadas las circunstancias polarizantes de la coyuntura, llegará a tener un peso del 20%, que sin lugar a dudas dejará a Petro como el gran damnificado, pues sus coqueteos a Fajardo y a de la Calle no le dieron resultado.