noviembre 15, 2017

El indiferente gran capital

Rodrigo Fernández Chois

Existe una interesante diferencia entre los dos componentes de la producción que dan lugar a la creación de valor en una economía. Uno de ellos es el trabajo, característica particular relacionada de manera directa con nuestra condición humana. El otro, el dinero, o capital como le conocemos de modo poético.

La diferencia a la que deseo referirme tiene que ver con la manera en que toman partido estos dos factores ante una eventual crisis política e institucional.

Para el ser humano es imposible evitar posiciones en referencia a cualquier tema. Las subjetividades superan siempre cualquier tipo de objetividad, generándose debates, diferencias de opinión, confrontaciones y hasta crímenes. Así tratemos de evitar temas como la política, la religión, las preferencias sexuales o inclusive hasta el futbol; la natural subjetividad humana aparece en escenario y como consecuencia surge el conflicto. Pero el capital obra diferente.

Al gran capital no le importa credo, ideología, preferencia política o intelectualidad. El sólo se rige por una regla clara y precisa: perpetuarse y reproducirse.

Esta es la razón por la que advertimos como el gran capital se amolda a las circunstancias. Pretender que el gran capital tome partido ante, por ejemplo, una eventual toma del poder de la izquierda es ingenuo.

El capital de manera anticipada busca acomodarse al cambio y lo consigue con éxito. Basta ver como se adaptó el capital en países destrozados como lo es nuestro vecino y continuó produciendo lucro amistándose eso sí con el dictador de turno.

No me extrañaría que en Colombia el gran capital ya esté preparado para un desafortunado cambio.