Junio 17, 2017

Diputados, en eterna memoria

El secuestro y la masacre de los asambleístas es una muestra fehaciente de la degradación de las Farc.

Por estos días se cumplen diez años de uno de los episodios más dolorosos de la historia reciente de Colombia y, en especial, del Valle del Cauca: el asesinato de once diputados por parte de las Farc.

El 11 de abril de 2002 la guerrilla secuestró a doce miembros de la Asamblea del Valle del Cauca en un cinematográfico operativo en el que además fue asesinado un subintendente de la Policía. Cinco años después, en junio de 2007, las Farc informaron de la muerte de once de los doce secuestrados aduciendo un supuesto enfrentamiento con otro grupo armado no identificado.

Durante las negociaciones entre el Gobierno Nacional y las Farc en Cuba, algunos de los familiares de las víctimas de este caso se reunieron en La Habana con los cabecillas del grupo ilegal para escuchar su versión y después de suscrito el acuerdo final voceros de la guerrilla estuvieron en Cali y, en un acto privado, les pidieron perdón.

Asumiendo que los guerrilleros de las Farc contaron la verdad a los familiares de los diputados, en este caso aún están pendientes dos puntos: la justicia y la reparación, pero, lamentablemente, por las condiciones negociadas en Cuba, los altos responsables de este doloroso caso, es decir, los miembros del secretariado del grupo ilegal, no pagarán ni un día de cárcel.

Sinembargo, esas fueron las condiciones pactadas entre el Gobierno y las Farc, y ya no queda más que asumirlas, aunque impliquen la impunidad de crímenes tan atroces como éste.

Lo que no se le puede pedir al país, como lo pretenden algunos, es que olvide este episodio; perdonarlo, sí, en aras de la reconciliación nacional, pero debe mantenerse en la memoria histórica como símbolo de lo que no se debe repetir y como un homenaje a las víctimas.