marzo 15, 2017

De espaldas a Buenaventura

Los problemas que padece el puerto no son culpa de la naturaleza, sino del abandono estatal.

Como si su problema por falta de agua potable permanente, que se intensificó durante las últimas tres semanas, fuera poco, ahora un derrumbe entre Mediacanoa y Loboguerrero tiene bloqueado el paso hacia Buenaventura. Ambos problemas podrían atribuírsele a un ensañamiento de la naturaleza contra la ciudad, pero no es así, de fondo, todo es consecuencia del abandono histórico al que ha sido sometido el puerto.

Paradógicamente, los cortes de agua se deben al bajo nivel del río Escalerete, del que se abastece la ciudad, y el deslizamiento que cerró el paso en la carretera es producto de las intensas lluvias que se presentan en la cordillera Occidental.

Aunque ambas coyunturas sean producto de los extremos del clima, no serían problema si Buenaventura contara con la infraestructura que una ciudad de su tamaño y de su importancia económica requiere.

Pese a estar muy cerca a ríos caudalosos, la ciudad no cuenta con un sistema apropiado para transportar, almacenar y potabilizar el agua para sus 500 mil habitantes, ¡qué ironía! Y pese a que el 50% del comercio internacional de Colombia se mueve a través de sus terminales marítimas, no ha sido posible contar con una conexión terrestre permanente con el interior del país; la construcción de la doble calzada al puerto fue anunciada hace once años, debió culminarse en el 2014 y los cálculos indican que no estará lista antes del 2021.

Urge agilizar la construcción del acueducto para Buenaventura, acelerar las obras de la doble calzada y pensar en habilitar la antigua carretera Simón Bolívar como vía alterna. El país no puede seguir de espaldas al Pacífico.