julio 10, 2018

Cuestión de alma

Rodrigo Fernández Chois

Circula en las redes sociales un texto en el que su autor se conduele por el declive de una reconocida marca de almacenes de cadena.

El desenamorado escritor hace referencia a la antigua proximidad que creó con su clientela la alusiva marca y sugiere hipótesis que van desde la ausencia de quien era su cabeza gerencial hasta la aparición de nuevos y foráneos propietarios para justificar lo que considera él una grave pérdida de “branding”.

El branding es una estrategia constante y continua de construcción y protección de una marca.

Un proceso planificado y estructurado en el que se crea una identidad, se construyen expectativas entre los posibles clientes y, por supuesto, se busca como misión final la satisfacción de dichas expectativas. Nos encontramos entonces en el terreno de las emociones innatas… Por eso es razonable el dolor que expresa el entristecido cliente.

Construir una marca no es tarea fácil ni un logro que se hace de la noche a la mañana.

Una marca es la percepción que tiene el público de lo que representa o significa un determinado bien o servicio; lo que ellos, los clientes perciben o creen que simboliza y no lo que sus creadores necesariamente crean que expresa.

En un mundo globalizado marcar diferencia se vuelve fundamental para garantizar la continuidad y el éxito en el largo plazo y la construcción y posicionamiento de una marca es la mejor manera de lograrlo.

Personalmente me gusta definir el concepto de marca como “el alma”… Alejandro Dumas escribió al respecto: “La mirada del cuerpo puede olvidar a veces, pero la del alma recuerda siempre.”