julio 31, 2018

La reforma debe incluir mecanismos para cerrar esta llave

Corrupción, el mal de la salud

Cualquier modelo de salud que no blinde al sistema contra la corrupción, no funcionará.

La avalancha de quejas por la mala atención de las EPS son el principal indicador de la necesidad de una reforma estructural al sistema de salud.

Es tal el deterioro del sistema que problemas como la violencia y el desempleo, que antes figuraban en los primeros lugares de las encuestas, fueron desplazados; cuando a los colombianos se les pregunta cuáles son los temas que consideran debe priorizar el Gobierno Nacional, la salud aparece en primer lugar.

Si bien es cierto que el actual modelo debe ser reestructurado, pues tiene muchas deficiencias administrativas que lo encarecen, como el exceso de intermediarios, que además dificultan los trámites y alargan las esperas de los pacientes, es igualmente cierto que el sistema de salud seguirá siendo deficitario mientras no se adopten medidas para impedir que los corruptos lo desangren.

La salud sin corrupción funcionaría mucho mejor. El manejo político que se le da a hospitales y puestos de salud, que son entregados como pago de favores electorales y terminan convertidos en cajas menores de caciques, hace que no haya presupuesto que alcance.

Y si a esto se añade que muchas de las IPS (instituciones prestadoras de servicios salud, es decir, los intermediarios) son propiedad de políticos, se entiende porqué el desangre del sistema no para.

En ese sentido, acabar con la intermediación, sería una medida que no solo abarataría costos sino que también limitaría la posibilidades de realizar fraudes al sistema.

Los abusos por parte de algunos pacientes que reclaman más de lo que necesitan y por vía judicial obligan al sistema a pagar altos costos también tienen qué acabarse. La reforma debe incluir mecanismos para cerrar esta llave.

El ideal es llegar al mejor servicio de salud posible, dentro de las posibilidades financieras del país y solo para quienes en verdad lo necesiten.