abril 18, 2013
Umberto-Valverde

Bole-Oro, grupo de maestros

El bolero siempre estuvo presente en nuestra infancia y adolescencia. Desde Agustín Lara en las películas mexicanas hasta los boleros  de Elvira Ríos en las emisoras.  La voz de Bienvenido Granda, Daniel Santos, Celia Cruz, Tito Rodríguez, estaban en el bar Nápoles y Cangrejos en esas tardes o noches. Sin embargo, dos cantantes marcaron la época de la adolescencia: Rolando La Serie y Roberto Ledesma.

La primera vez que vino Ledesma al Gimnasio Olímpico (hoy Evangelista Mora) nos obligó a ir a verlo. El problema es que no teníamos para la boleta. Con los amigos de barrio nos subimos al techo de ese gimnasio. Lo vimos desde la altura.

Muchas veces volvimos a ver a Ledesma. Se quedó marcado en el amanecer, así como otras tantas voces, porque se convirtió en norma que ningún cantante rumbero podía serlo si no cantaba bolero, que era la manera de seducir a las muchachas. El lenguaje de los caleños para seducir era el baile. Muy poco de hablar.

Carlos Córdoba, bajista de la agrupación de Willy García, músico de enorme talento, ha organizado un grupo llamado Bole-Oro, integrado solo por maestros, donde cantan Leo Sarria (ex Niches) y Héctor Riveros (primer cantante del grupo Niche), que lo saben a la perfección. El miércoles pasado también estuvo al piano el maestro Álvaro Cabarcas, Pelusa. Oímos Como fue, En el juego de la vida, Convergencia, Piel Canela, Falsaria, Con mi corazón te espero, Aunque me cueste la vida, Hola Soledad.

La música sin el bolero no existiría. El bolero está dentro de nosotros, con Cuba por dentro, México y Las Antillas. La Sonora Matancera fue ejemplo de boleristas. Hoy Yuri Buenaventrura o Marlin Murillo son boleristas magníficos. Este grupo de Carlos Córdoba recupera una tradición que sólo Cali puede sentir orgullosa de tener tanta memoria musical y Zaperoco ha tenido el honor de ver su nacimiento.