marzo 12, 2018

En su taller de Fútbol, los muchachos expulsan sus energías

Barras bravas: Dentro y fuera del estadio

Por: Johana Castillo
Coordinadora Unimedios

De nuevo están en la cancha, su enfrentamiento ahora es con el balón, Steven lleva un peto de color verde que ajusta con su camiseta blanca. Unos metros más lejos, Juan lleva el rojo.

Se escuchan el pito y los gritos de los demás compañeros de juego. El sol está en su máximo esplendor, gambeta viene y va.

Juan menea el balón, el temor de la defensa contraria le da valentía, así como meses atrás, él y su grupo de La barra del América impartían el miedo. “Éramos el terror de la comunidad, era impresionante. Cuando llegábamos a los pueblitos se veía cómo empezaban a cerrar rejas, puertas, cortinas y ventanas de casi todos los negocios”.

Steven lo bloquea con su cuerpo y Juan cae. Tiempo atrás, por esa acción, además de una tarjeta roja, se habría llevado un golpe de su adversario. Pero las situaciones cambian cuando los jóvenes están recluidos en la institución.

“Acá uno aprende, esto no es como en la calle que uno peleaba por una camiseta”, enfatiza Steven. En la calle, no se podían ni ver. Según las estadísticas, el crecimiento anual de las pandillas en Cali es del 20%. Así lo aseguró el magistrado Wilson Ruiz de la Sala Disciplinaria del Consejo Superior de la Judicatura, durante una asamblea de convivencia. Según la Personería Municipal, hay 137 pandillas y por lo menos 2.200 jóvenes las integran.

Se reanima el partido, ambos se miran y sonríen.

Cuando el equipo pierde, ambos son marcados por la depresión. “Cuando uno ve caer el equipo, uno se siente en el piso, cuando ellos pierden uno también pierde la alegría, la plata que invirtió para ir a verlos, los viajes y los sacrificios”, explica Juan.

El balón rueda y Yeye, sentado detrás de uno de los arcos, rapea:
“Reprochan a los presos porque cometemos errores. O nos tiran porque queremos ser uno de los mejores.
En la música, en el canto o en la cancha. Cuando jugamos, o cuando alentamos”.

Lo aplauden, es el líder indudable de su ´Casa´.

En la institución, no se olvidan del amor desenfrenado por su equipo hasta el punto de generar violencia. Estas disputas entre bandas de diferentes equipos suceden antes y después de algún partido.

“Cuando pierde su equipo, uno siente la presión, se siente humillado; ¿cómo vamos a perder? y el otro equipo alentando y sacándole canciones a uno, uno se estresa, ¡vamos a enfrentarnos contra ellos!, uno lo hace para subirse el ánimo y el orgullo”, explica Steven.

En el Buen Pastor se desarrollan talleres y pactos de convivencia, los jóvenes se encuentran con su enemigo recluido en el mismo lugar. En la ‘Casa Honestidad’ lograron el pacto, Juan y Steven hace parte de él gracias al acompañamiento de Yeye; entre los tres han desarrollado una buena amistad.

“El trabajo en equipo con compañeros, con la familia, es clave en el proceso; además, los jóvenes como Steven y Juan son muy calmados y se prestan para trabajar”, cuenta Deisy Pinto, psicóloga de la institución.

Suena el pito final y los jóvenes se desplazan de regreso a su ´Casa´. Yeye camina despacio, delante de él Steven y Juan hablan sobre su gran desempeño en la cancha, una conversación que hace unos meses no había podido ser realidad.

Algunos aprenden a convivir con otros de diferentes barras gracias a las ayudas que encuentran mientras están recluidos,. “Uno habla para que haya convivencia, así uno no tiene que estar peleando sino que también aprende a hacer amigos acá”, expresa Juan mientras seca el sudor de su frente.

“En la calle más de uno dice ser amigo y nunca se reporta, así sea una pequeña nota, pero ni siquiera eso. En cambio, si uno tiene problemas, ahí se sabe quiénes son los socios”, agrega Steven, mientras le da un golpecito a Juan.

Entre risas ambos cuentan que Yeye fue pieza clave para que ambos se calmaran y empezaran a dialogar; reconocen que el trabajo de las psicólogas y trabajadoras sociales reafirman el proceso de amistad con aquellos a quienes anteriormente llamaban enemigos.

“Dentro del Buenpa tengo varios socios que son del Cali, están Steven, Carlos, José, en la buena con ellos”, aclara Juan. Steven agrega que no con todos se pueden hacer las paces: “Uno sigue con la rivalidad porque uno de pronto se lo va a encontrar y el man lo tropelea y uno también va a responder; pero con otros la rivalidad no existe aunque uno sabe que él cumple con el pacto y uno es consciente que él es americano y yo caleño”.

El proceso del barrismo para cambiar una cultura, más hacia lo deportivo que hacia la confrontación, es complejo y lleno de sensibilización. La resocialización busca que los jóvenes aprendan a convivir en paz, modificando sus hábitos y construyendo un futuro mejor.

Al acercarse el día de su libertad, Juan aseguró: “Yo no voy a salir a pelear contra los del Cali, son etapas que uno quema y yo no me voy a hacerme matar por eso, uno aprende que hay que convivir, y cuando me encuentre a mis amigos de acá no voy a pelear. Si yo no hubiera estado aquí interno, habría seguido en lo mismo”.

Mientras tanto, Steven comenta: “Por un lado las barras son buenas para el que sólo va a ver el equipo y no roba, está en la buena, pero el que la lleva por la mala, robando y apuñaleando a los de otros equipos, pierde;”.

Yeye se siente contento de haber ayudado a estos jóvenes dentro de la ‘Casa’ para que se reconciliaran y afirma que mientras pueda, seguirá procurando que otros amigos se unan y cambien.