septiembre 12, 2017

Aterrizaje en la realidad

Es un error reducir la visita papal al tema político, como pretenden unos y otros.

La visita del papa Francisco marcó a Colombia, no hay duda. El impacto de la presencia del Pontífice y la profundidad de sus mensajes tocaron hasta a no católicos e incluso a no creyentes, que encontraron en sus homilías un contenido más humano que religioso.

Sin embargo, pese a la profundidad de sus reflexiones, los mensajes de Francisco empezaron a ser distorsionados rápidamente; el afán de sacarle provecho político a la visita del Papa llevó a que ambos bandos de la polarización que vive el país interpretaran las palabras del Pontífice a su conveniencia. Para esas personas, la visita papal fue en vano, pues su objetivo no parece ser el de interiorizar el mensaje para corregirse a sí mismas, sino el de apropiarse de éste para señalar otros.

La visita del Papa, efectivamente, fue una visita apostólica, como lo aclaró el Vaticano previo al viaje, anticipándose al manoseo político que se veía venir. Por eso es muy importante que, en medio de la cortina de humo que pretenden tender quienes dicen que los mensajes de Francisco fueron un vainazo para el uno o para el otro, se apropie el contenido humano de las homilías, especialmente en lo que tiene que ver con igualdad, honestidad y respeto. Ojalá que de ese mensaje haya quedado algo.

Con su humildad, al romper el protocolo, al darle importancia a todos los que se le acercaron, al viajar en un carro común y corriente, cuando había una caravana de vehículos de alta gama dispuestos para él, el Papa dejó un poderoso mensaje, especialmente para quienes ocupan cargos de poder en la iglesia y en el sector público, y no tienen una actitud de servicio y disposición, sino de aprovechamiento personal y vanidad. Eso es lo que vale la pena conservar de la visita papal.