febrero 13, 2018

Asediados por la delincuencia

Wilson Ruiz

El Código Penal establece que hay ausencia de responsabilidad cuando una persona “obre por la necesidad de defender un derecho propio o ajeno contra injusta agresión actual o inminente”.

Dentro de ese marco se encuentra el caso del escolta que defendiendo a una ciudadana que estaba siendo atacada en Bogotá, dio muerte a uno de los asaltantes, en un acto heroico porque son pocos los que intervienen para proteger a quien está siendo víctima de los delincuentes.

Estamos secuestrados en nuestras ciudades. Se está sembrando un ambiente de temor y no vemos la reacción por parte de las autoridades. ¿Dónde están los alcaldes y gobernadores?

El problema radica en que no hay una política criminal clara y la Fuerza Pública es insuficiente para brindar seguridad.

En el año 2017 se registraron 10.870 muertes violentas, 113.470 personas heridas por violencia interpersonal y 23.418 agresiones sexuales; cifras alarmantes, mucho más si tenemos en cuenta que dentro de esas estadísticas no se incluyen las víctimas por cuenta del conflicto armado.

Se requiere incrementar el pie de fuerza y dotar a los organismos de control de los equipos necesarios para mantener el orden, porque la ciudadanía está despertando para buscar su propia seguridad. El instinto de conservación lleva a tomar acciones para proteger la integridad y esa situación está enmarcada dentro de la legítima defensa.

El temor está siendo utilizado como argumento para buscar réditos políticos con miras a las elecciones que se avecinan, es hora de pasar de la retórica a los hechos, porque mientras el sector político se encierra en contiendas y debates insulsos, las calles se llenan de delincuentes que someten al ciudadano indefenso.